La activista mexicana Samara Martínez, de 30 años, ha dado un paso decisivo en la lucha por garantizar el derecho de las personas con enfermedades graves a decidir sobre su propio final de vida con la eutanasia. Después de más de una década enfrentando diálisis, trasplantes fallidos y una enfermedad renal terminal agravada por lupus, Martínez se ha convertido en la voz de quienes viven con dolor crónico, desgaste y pocas alternativas sanitarias.
Bajo el nombre Ley Trasciende, Martínez presentó una iniciativa ante el Senado de la República que busca reformar la Ley General de Salud y el Código Penal Federal, con el objetivo de legalizar la eutanasia activa para pacientes mayores de edad con enfermedades crónicas o terminales, con pleno uso de sus facultades y que han manifestado su voluntad ante notario.
Martínez insiste que la propuesta no promueve la muerte, sino humanizarla: “La Ley Trasciende no busca promover la muerte, busca humanizarla… porque morir con paz también es un derecho”.
Desde una adolescencia marcada por tratamientos médicos constantes y hospitalizaciones, Martínez ha vivido en carne propia lo que significa depender de una máquina de diálisis y convivir con la certeza de que el cuerpo ya no responderá más.
Ella afirma que su caso, aunque grave es solo un ejemplo entre muchos: “He visto morir a compañeros en condiciones que ningún ser humano debería soportar, pegados a una máquina de hemodiálisis o luchando contra el cáncer”.


Apoyo social y parlamento
La iniciativa ya ha reunido más de 100 000 firmas ciudadanas a través de plataformas digitales, lo que refuerza el argumento de quienes estiman que México está listo para debatir el tema.
El respaldo también ha llegado desde diferentes partidos políticos, quienes declararon su disposición a acompañar el proceso legislativo en ambas cámaras del Congreso de la Unión.
Retos y tensiones para la eutanasia
El obstáculo principal sigue siendo legal: el artículo 166 Bis 21 de la Ley General de Salud tipifica la eutanasia activa como “homicidio por piedad”, lo que impide su práctica legal en México.
Además, el debate público aún enfrenta barreras culturales, religiosas y de ética médica, que Martínez ha llamado a superar: “Les pido… que pongan en el centro de la ley al ser humano, a su libertad, a su dolor y a su dignidad”.
Samara Martínez representa hoy una intersección entre lo personal y lo político: su cuerpo enfermo se convierte en testigo del sufrimiento prolongado y su voz en impulso de una transformación legislativa que afectaría a miles de pacientes. En sus propias palabras: > “Elegir una muerte digna también es vivir con dignidad”.




