Un grupo de radioaficionados logra captar el pulso de la sonda más lejana de la humanidad Voyager 1, que se encamina a marcar un hito de distancia sin precedentes en la historia
En una hazaña que combina la nostalgia tecnológica con la precisión matemática, un equipo de astrónomos aficionados y La Estación de Radioastronomía C.A. Müller (CAMRAS) ha logrado captar la tenue señal de la Voyager 1 desde la Tierra. Utilizando el histórico radiotelescopio de Dwingeloo en los Países Bajos una antena de 25 metros que data de 1956, los voluntarios consiguieron filtrar el ruido cósmico para identificar el pulso portador de la nave.

Para lograrlo, el equipo tuvo que instalar una antena moderna en el viejo plato y aplicar complejos cálculos de desplazamiento Doppler, demostrando que, incluso sin los recursos multimillonarios de las grandes agencias espaciales, es posible escuchar a nuestro embajador más remoto a 25,000 millones de kilómetros de distancia.Este logro técnico de la comunidad amateur ocurre mientras la Voyager 1 se aproxima a un límite simbólico y científico: el “día luz” de distancia.
Según las proyecciones de la NASA, en noviembre de 2026 la sonda se encontrará tan lejos que sus señales, que viajan a la velocidad de la luz (300,000 km/s), tardarán exactamente 24 horas en llegar a nuestro planeta.
Este hito marcará la primera vez que un objeto creado por el hombre se sitúa a una jornada completa de distancia en términos de comunicación, lo que significa que cualquier comando enviado desde el control de misión requerirá de dos días completos para recibir una confirmación de respuesta, subrayando la inmensa soledad de la nave en el espacio interestelar.

La historia de la Voyager 1 es un testimonio de la durabilidad y el ingenio humano. Lanzada el 5 de septiembre de 1977, su misión original era realizar un estudio de cinco años sobre Júpiter y Saturno, revelando mundos con volcanes activos y anillos complejos que cambiaron nuestra visión del sistema solar para siempre.
Tras cumplir su objetivo principal y realizar el icónico retrato de la Tierra como un “punto azul pálido”, la sonda continuó su viaje hacia lo desconocido, cruzando la heliopausa en 2012 para convertirse en el primer objeto humano en entrar en el espacio interestelar. Hoy, casi medio siglo después, la Voyager 1 sigue operando con una tecnología miles de veces menos potente que la de un teléfono móvil actual, enviando susurros de datos desde la frontera final.





