Mérida: El avance de fraccionamientos y construcciones reduce el suelo permeable, incrementa las superficies que absorben calor y plantea nuevos desafíos para el manejo del agua de lluvia en la capital yucateca, expresó el diputado federal Oscar Brito y especialistas.
El crecimiento urbano que durante los últimos años ha experimentado Mérida está modificando las condiciones ambientales de la capital yucateca. La construcción de nuevos fraccionamientos, desarrollos residenciales, vialidades y distintos proyectos de infraestructura ha reducido progresivamente los espacios naturales y las superficies capaces de absorber el agua de lluvia.
Este proceso de expansión representa un desafío para la ciudad, particularmente ante un escenario de temperaturas cada vez más elevadas y fenómenos meteorológicos que pueden generar precipitaciones intensas en periodos cortos.
El tema fue abordado durante un espacio de diálogo encabezado por el diputado federal Oscar Brito, en el que participaron especialistas para analizar la relación entre el crecimiento de la mancha urbana, las modificaciones del microclima y situaciones como las inundaciones y las olas de calor.
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Uno de los primeros invitados fue el doctor Salvador Castell-González, fundador y presidente de Va por la Tierra A.C., quien explicó algunos de los factores ambientales que intervienen en estos fenómenos y planteó la importancia de avanzar hacia una ciudad con mayor presencia de vegetación.

Más concreto y menos vegetación: una combinación que eleva el calor
Durante la conversación, Oscar Brito cuestionó las causas de las inundaciones que actualmente pueden observarse en distintos sectores de Mérida y planteó si se trata de un fenómeno nuevo o si la ciudad históricamente ha enfrentado este tipo de situaciones.
Castell-González señaló que existen antecedentes históricos de anegaciones en Mérida. Incluso, explicó, algunas construcciones antiguas fueron diseñadas tomando en cuenta las condiciones del terreno y el comportamiento del agua, con predios que podían encontrarse elevados respecto al nivel de las calles.
Sin embargo, señaló que las condiciones actuales están relacionadas con diversos factores, entre ellos el crecimiento de las superficies impermeables.
El concreto, el asfalto y otros materiales utilizados en calles, edificios y estacionamientos absorben una importante cantidad de radiación solar durante el día y posteriormente liberan parte de esa energía en forma de calor. Cuando estos materiales sustituyen áreas arboladas y superficies naturales, contribuyen a modificar las condiciones térmicas de las ciudades.
A esto se suma el calentamiento global, que favorece una atmósfera con mayor disponibilidad de energía y humedad. De acuerdo con la explicación presentada durante el encuentro, el aumento de las temperaturas puede favorecer una mayor evaporación de agua y, bajo determinadas condiciones atmosféricas, contribuir a precipitaciones más intensas.
Por ello, las lluvias fuertes que afectan a Mérida deben analizarse dentro de un contexto más amplio, en el que intervienen tanto las condiciones climáticas globales como las transformaciones que experimenta la propia ciudad.

La pérdida de suelo permeable complica el manejo del agua
Otro de los puntos centrales del diálogo fue la disminución de superficies capaces de absorber naturalmente el agua de lluvia.
Cuando grandes extensiones de terreno son cubiertas por concreto o asfalto, el agua tiene menos posibilidades de infiltrarse directamente en el suelo. En una ciudad como Mérida, donde el manejo del agua está estrechamente relacionado con las características del subsuelo, esta situación representa un reto adicional.
Las precipitaciones intensas pueden generar acumulaciones de agua en calles, banquetas y otras zonas urbanizadas, especialmente cuando la cantidad de lluvia supera la capacidad de absorción del terreno o de las obras destinadas a conducirla.
Ante este panorama, el especialista destacó la importancia de conservar espacios permeables y fortalecer la presencia de vegetación dentro de la ciudad.
La reforestación, además de aportar sombra y contribuir a disminuir las temperaturas en determinadas áreas, puede formar parte de una estrategia integral para mejorar las condiciones ambientales y hacer frente a los efectos derivados de la urbanización.
La participación ciudadana, clave para recuperar áreas verdes
Uno de los principales retos identificados durante el encuentro es que buena parte del territorio urbano de Mérida se encuentra en manos de particulares. De acuerdo con lo expuesto durante la charla, cerca del 90 por ciento de los predios de la zona urbana corresponde a propiedad privada.
Esta característica limita la posibilidad de que las estrategias de reforestación dependan exclusivamente de parques, camellones y otros espacios públicos.

Por ello, Castell-González planteó la necesidad de desarrollar mecanismos que permitan involucrar a las familias, propietarios y habitantes de Mérida en acciones de conservación y reforestación dentro de sus propios terrenos.
La propuesta busca que la protección ambiental no se concentre únicamente en las áreas administradas por las autoridades, sino que también alcance patios, jardines, viviendas, comercios y otros espacios privados que, en conjunto, representan una parte importante de la superficie urbana.
El diálogo también puso sobre la mesa la necesidad de replantear la manera en que Mérida continúa creciendo. El desarrollo inmobiliario y la construcción de infraestructura pueden convivir con estrategias de protección ambiental si se considera desde la planeación la conservación de árboles, áreas verdes y superficies permeables.
Para los participantes, avanzar hacia una ciudad más preparada ante el calor y las lluvias intensas requiere combinar infraestructura, planeación urbana, conservación ambiental y participación ciudadana. La transformación de Mérida, señalaron, no solo implica construir nuevos espacios, sino también preservar aquellos elementos naturales que ayudan a mantener un equilibrio dentro del entorno urbano.




